Imagen satelital del sector afectado tras el bombardeo a la infraestructura de Saudi Aramco, que obligó a paralizar un oleoducto clave y encendió las alertas globales por el nivel de reservas.

El conflicto regional complica severamente el abastecimiento global de energía y dispara la incertidumbre en los mercados internacionales.

Un bombardeo contra una estación de bombeo de Aramco dejó fuera de servicio al corredor energético que evita el bloqueo de Ormuz. La petrolera estatal alertó que la situación de los inventarios es crítica.

El fantasma de una crisis energética global recrudeció este lunes tras confirmarse un nuevo atentado contra los intereses petroleros de Arabia Saudita. Un bombardeo destruyó parte de las instalaciones de bombeo situadas en Jurais, obligando a cerrar de inmediato el oleoducto Este-Oeste, la vía de escape fundamental que utiliza el reino para sacar su producción al mundo sin depender de las aguas disputadas del estrecho de Ormuz.

La gravedad del cuadro se profundizó luego de que directivos de la gigante Saudi Aramco advirtieran que las reservas de crudo acumuladas están “peligrosamente bajas”. Con el flujo de exportaciones fuertemente estrangulado por la escalada bélica y los repetidos ataques de grupos insurgentes, el colchón financiero y operativo con el que contaba Riad se desvanece rapidamente, encendiendo luces de alerta en las principales potencias y amenazando con trasladar subas abruptas al precio de los combustibles en todo el planeta.