El Gobierno nacional oficializó un nuevo incremento en los impuestos a los combustibles, que comenzará a regir desde el 1° de julio. Esta medida generará un ajuste directo en los precios que los consumidores pagan en los surtidores, justo en un contexto económico sensible y con la inflación aún en niveles altos.
La suba responde a la actualización de los Impuestos al Combustible Líquido (ICL) y al Dióxido de Carbono (IDC), dos componentes que se ajustan de manera trimestral según la evolución del índice de precios al consumidor (IPC). En este caso, se aplicará el índice correspondiente al primer trimestre de 2024.
Desde el sector petrolero estiman que el impacto final en los precios podría ubicarse entre un 1,5% y 3% adicional, dependiendo del tipo de combustible y la región del país. Esto se sumaría a eventuales aumentos que puedan aplicar las empresas por sus propios costos operativos.
El ajuste impositivo afectará tanto a las naftas como al gasoil, con lo cual transportistas, empresas logísticas y automovilistas particulares volverán a sentir presión en sus costos. Se trata del cuarto aumento consecutivo en lo que va del año vinculado a los tributos sobre combustibles.
Desde el Gobierno argumentan que el objetivo es normalizar el esquema fiscal y garantizar ingresos para afrontar los gastos del Estado, aunque diversas cámaras empresariales advirtieron que esto podría repercutir en una nueva ronda de aumentos de precios en bienes de consumo y transporte.






