La ciudad de Río de Janeiro vivió una de las jornadas más violentas de los últimos años tras un megaoperativo policialen las favelas de Complexo do Alemão y Complexo da Penha, que terminó en un enfrentamiento directo con el grupo narco Comando Vermelho (CV). El saldo es estremecedor: al menos 132 muertos, entre ellos cuatro policías, más de un centenar de detenidos y decenas de armas incautadas.
El operativo, que involucró a unos 2.500 agentes de las policías civil y militar, buscaba desarticular células del Comando Vermelho, una de las organizaciones criminales más poderosas y antiguas de Brasil. Sin embargo, la intervención derivó en una batalla urbana sin precedentes, con autos incendiados, barricadas y el uso de drones cargados con granadas para atacar a las fuerzas de seguridad.
El gobierno del estado de Río calificó los hechos como un episodio de “narcoterrorismo”, asegurando que la operación apuntaba a frenar la expansión territorial del grupo en zonas estratégicas del norte de la ciudad, a unos 20 kilómetros de los barrios turísticos de Copacabana y Leblon.
El origen del Comando Vermelho
El Comando Vermelho —en español, Comando Rojo— nació a fines de los años 70 en la cárcel de Ilha Grande, en Río de Janeiro, cuando presos comunes convivieron con militantes políticos detenidos durante la dictadura militar. De esa mezcla surgió una organización que combinó estructuras jerárquicas, disciplina y lealtad con métodos delictivos. Su lema original, “Paz, justicia y libertad”, reflejaba ese origen híbrido entre ideología y crimen.
Durante los años 80, el CV expandió su control fuera de las prisiones, apoderándose del tráfico de drogas en las favelas. Su estructura horizontal permitió a los jefes locales operar con autonomía, rindiendo tributo a una dirección central. Pronto se enfrentaron con facciones rivales como el Terceiro Comando Puro y Amigos dos Amigos (ADA), en una guerra territorial que aún persiste.
Entre sus líderes históricos figuran Fernandinho Beira-Mar (Luiz Fernando da Costa), detenido en 2001 y considerado el cerebro financiero de la organización, y Elias Maluco, responsable del asesinato del periodista Tim Lopes en 2002. Pese a estar presos, ambos mantienen influencia desde el sistema penitenciario.
Hoy, el Comando Vermelho mantiene presencia dominante en Río y otras regiones de Brasil, operando en narcotráfico, tráfico de armas, extorsión y control territorial de servicios básicos. Su poder se extiende incluso a países limítrofes, donde colabora con redes de contrabando transnacional.
La caída del líder del Comando Vermelho
Durante la operación de esta semana, la policía logró capturar al líder del grupo, Edgar Alves Andrade, alias Doca da Penha o Urso, señalado como el máximo responsable del tráfico de cocaína desde Río de Janeiro. Su detención fue considerada un golpe significativo al narcotráfico brasileño.
Las autoridades confirmaron que “Doca” fue reconocido entre los detenidos del operativo en las favelas de Penha y Alemão. Su apodo, Doca (“muelle”), alude al rol estratégico que cumplía como enlace de salida de drogas desde los puertos cariocas hacia el exterior.
Río, una ciudad partida
Las imágenes que circulan desde las zonas de combate muestran filas de cuerpos tendidos en las calles y familiares intentando identificar a las víctimas. A solo 20 kilómetros de las playas más visitadas por el turismo internacional, la otra cara de Río de Janeiro refleja la crudeza de un conflicto donde el poder del narcotráfico desafía al Estado brasileño.
La llamada “guerra de Río” expone las dos realidades de América Latina: la búsqueda de progreso y convivencia pacífica frente a organizaciones criminales que, en muchas zonas, actúan como poderes paralelos.






