El Reino Unido quedó conmocionado tras conocerse la sentencia contra Ricky Stubberfield, un dentista de 31 años conocido en redes sociales como el “dentista de Instagram”, quien fue condenado a 26 años de prisión por abusar sexualmente de al menos ocho mujeres a las que contactaba en redes sociales con la promesa de blanqueamientos dentales gratuitos.
El fallo fue emitido por el Tribunal de la Corona de Plymouth el 21 de octubre de 2025, que lo declaró culpable de 23 delitos sexuales graves, entre ellos violación, agresión sexual, exhibicionismo y producción de material indecente de menores. Además, deberá cumplir seis años adicionales bajo libertad vigilada y permanecer de por vida en el registro de delincuentes sexuales.
Un depredador detrás de una fachada de éxito
Stubberfield se presentaba como un joven empresario exitoso, co-propietario del salón Essex Smiles, un local de blanqueamiento dental ubicado en Plymouth. En Instagram y TikTok mostraba un perfil profesional y glamoroso, con clientas sonrientes e influencers que colaboraban con su marca. Sin embargo, detrás de esa imagen se escondía una red de manipulación y abuso que se extendió durante más de una década.
De acuerdo con la policía de Devon y Cornwall, entre 2013 y 2024 el dentista contactó a mujeres jóvenes —muchas de ellas influencers o estudiantes— a quienes ofrecía tratamientos estéticos gratuitos a cambio de publicaciones o menciones en redes. Una vez que aceptaban, las citaba en su consultorio, donde las abusaba aprovechando su posición profesional.
“El acusado usó las redes como una herramienta de caza. Sabía cómo ganarse la confianza de las chicas, cómo hablarles y cómo lograr que bajaran la guardia”, explicó el inspector Marcus Hodges, responsable de la investigación.
Cómo operaba
Una vez en su estudio, Stubberfield aprovechaba momentos en los que las víctimas estaban inmovilizadas en la silla odontológica para tocarlas, fotografiarlas o cometer abusos. En varios casos, les pedía “fotos para promoción” y realizaba comentarios obscenos. También se descubrió que había instalado cámaras ocultas en su local y almacenaba más de 200 archivos ilegales de contenido sexual.
La denuncia que destapó el caso
La investigación comenzó en febrero de 2022, cuando una adolescente de 16 años lo denunció por violación. La víctima relató que Stubberfield la había atacado en el baño de un concierto y, días después, en su camioneta. Una amiga logró grabar parte del abuso a través de una videollamada, y esas imágenes fueron claves para abrir la causa.
Con el avance de la investigación, surgieron más víctimas con testimonios similares: todas habían sido contactadas por redes sociales, recibieron ofertas “profesionales” y terminaron siendo víctimas de abuso.
Una década de abusos sistemáticos
Durante el juicio, la fiscalía reveló un patrón de violencia y manipulación emocional que comenzó en 2013. Las víctimas describieron al acusado como “encantador, convincente y peligroso”. Una de ellas declaró: “Mi cuerpo ya no me pertenece. Cada día me siento sucia, como si lo que hizo se me hubiera grabado en la piel”.
El juez Robert Linford calificó la conducta del condenado como “una depredación desalmada” y subrayó que “no fue un hecho aislado, sino una serie de ataques calculados que se repitieron durante años”.
La valentía de las víctimas
Tras conocerse la sentencia, la policía británica elogió el coraje de las mujeres que se animaron a denunciar. “No hay condena que repare el daño, pero este fallo envía un mensaje claro: el abuso no quedará impune, aunque pasen los años”, sostuvo el inspector Hodges.
La detective Kezia Worden destacó que la denuncia de la adolescente fue decisiva: “Su valentía permitió descubrir a un depredador en serie y evitar que siguiera atacando a otras mujeres”.






