Las nuevas medidas del Banco Central reconfiguraron la política cambiaria y encendieron la atención de los mercados. Con el objetivo de fortalecer la acumulación de reservas y cumplir con uno de los compromisos clave del programa económico, el BCRA definió que la banda cambiaria comenzará a ajustarse en función de la inflación mensual, dejando atrás la devaluación administrada del 1% que rigió hasta ahora. En las primeras reacciones, el dólar oficial mostró una suba y el riesgo país retrocedió hasta los 580 puntos.

La decisión se enmarca en una estrategia más amplia del Gobierno para consolidar la estabilización macroeconómica y reducir la presión financiera asociada a los vencimientos de deuda. La acumulación de reservas es uno de los puntos más sensibles del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), y el nuevo esquema apunta a generar condiciones para que el Banco Central pueda comprar divisas sin generar un desbalance inflacionario adicional.

El cambio central radica en el funcionamiento de las bandas cambiarias. El esquema, vigente desde el 15 de abril, se mantiene, pero con una modificación clave: los límites ya no se moverán por una devaluación fija mensual, sino que se ajustarán al ritmo de la inflación informada por el INDEC. De este modo, el tipo de cambio oficial comenzará a acompañar más de cerca la evolución de los precios.

En la práctica, esto implica que el dólar dejará de quedar rezagado frente a la inflación. Por ejemplo, en noviembre el índice de precios marcó un 2,5%, muy por encima del ajuste cambiario del 1% que se aplicaba hasta ahora. Con el nuevo esquema, ese diferencial tenderá a desaparecer, lo que abre un nuevo escenario de comparación entre inflación, salarios y tipo de cambio.

En la apertura de este martes, el dólar oficial mostró una reacción inmediata: subió $15 y pasó de $1.465 a $1.480. Para el Banco Central, la expectativa es que este mecanismo permita una mayor compra de divisas para reforzar las reservas, siempre que la inflación continúe desacelerándose.

Un esquema que reduce el atraso cambiario

Desde abril, la implementación de las bandas cambiarias generó un fenómeno poco habitual en la economía argentina: el dólar oficial acumuló una suba mayor que el dólar blue en lo que va del año. Esta dinámica achicó la brecha cambiaria y aportó previsibilidad al mercado, en un contexto de menor intervención directa del Central.

Con el nuevo ajuste atado a la inflación, el Gobierno busca eliminar definitivamente el atraso cambiario. Sin embargo, el esquema también introduce un factor de previsibilidad que puede tener efectos colaterales: cada vez que el INDEC publique el dato de inflación, el mercado contará con una referencia clara del ritmo al que se moverá el tipo de cambio en el mes siguiente.

El presidente Javier Milei reiteró que la inflación debería quedar atrás hacia mediados de 2026, tras completar el ciclo de desinflación. No obstante, los registros de noviembre y las proyecciones para diciembre muestran un arrastre que complica una convergencia rápida hacia niveles cercanos a cero.

La reacción inicial del mercado fue positiva. El Merval medido en dólares subió cerca del 1,8% y el riesgo país se mantiene por debajo de los 600 puntos. A partir del 1° de enero de 2026, las bandas de flotación se ajustarán automáticamente según la inflación mensual y se implementará un programa de acumulación de reservas con un límite del 5% del volumen diario operado.

El interrogante que empieza a ganar peso es cómo impactará este nuevo esquema en el poder adquisitivo de los salarios y en la dinámica de precios. Mientras los mercados celebran la mayor previsibilidad cambiaria, el desafío del Gobierno será evitar que el ajuste del dólar se traslade a la inflación y complique la recuperación del ingreso real.