Con consignas en favor de la inclusión y la fraternidad, la Iglesia celebró la eucaristía central tras una caminata marcada por la emoción y el esfuerzo de los peregrinos.

El arzobispo de Buenos Aires reclamó dejar de lado las divisiones durante la masiva peregrinación y aseguró que el país necesita sanar sus vínculos sociales y curar los “abrazos pendientes”.

La llegada de las interminables columnas de caminantes a la Basílica de Luján dejó paso a un profundo mensaje pastoral centrado en la necesidad de recomponer lazos sociales y superar la confrontación. Al presidir la misa central, el arzobispo Jorge García Cuerva alertó sobre el desgaste que sufre la sociedad debido a la agresión verbal y física, sosteniendo que el país acumula “abrazos pendientes” que urgen ser concretados para evitar una fractura mayor en la convivencia diaria.

En su mensaje, el referente eclesiástico incluyó de manera explícita a los sectores más vulnerables de la comunidad —abuelos, personas que piensan distinto, personas con discapacidad y sus familias, quienes no tienen empleo, quienes duermen en la calle y los jóvenes afectados por las adicciones—, recordando que “nadie puede solo”. Con una convocatoria estructurada bajo el lema de que en la Casa de la Virgen “no hay distingos”, el arzobispo insistió en que si la fe abraza a todos por igual, no hay lugar para mirar al prójimo con desprecio.