El peronismo atraviesa uno de los debates más profundos de los últimos años: qué hacer con el kirchnerismo y cómo reconfigurarse después de una nueva derrota electoral. El malestar hacia la conducción de Cristina Fernández de Kirchner crece entre gobernadores, legisladores y referentes históricos, mientras La Libertad Avanza aprovecha la desorientación del principal espacio opositor.
Desde hace dos décadas, el kirchnerismo repite un patrón que muchos dentro del PJ consideran agotado: derrotas, repliegue, “autocríticas” acotadas, un giro moderado previo a cada elección y una conducción cerrada que termina imponiendo listas y decisiones estratégicas. Sin embargo, la pérdida de poder real aceleró el cuestionamiento interno.
Una historia que se repite y un liderazgo que ya no ordena
“Si me meto ahí voy a tener que votar lo que pida Máximo, y yo quiero votar lo que sirve para mi provincia”, confesó en su momento un exgobernador hoy convertido en legislador. La frase, que en otro tiempo hubiese sido impensada públicamente, hoy expresa lo que muchos murmuran en los pasillos del PJ.
Tras cada derrota, el kirchnerismo reacciona con un ciclo casi calcado: se esconde, responsabiliza a terceros, promete apertura, modera su discurso y termina cerrando filas en torno a sus propios dirigentes. Aun así, sus resultados electorales muestran un declive sostenido desde 2009.
El recorrido es conocido: derrota contra De Narváez, contra Massa, contra Esteban Bullrich, contra Macri, contra Milei, y ahora contra el “Colo” Santilli. En cada capítulo, Cristina y Máximo mantienen el control de las candidaturas, mientras el resto del peronismo queda atrapado en un juego sin renovación real.
2025: un nuevo golpe y una pregunta sin respuesta
En la última derrota, el kirchnerismo volvió a desaparecer del escenario público. Criticó el desdoblamiento electoral de Axel Kicillof, convocó al Consejo Nacional del PJ y buscó sumar a sectores no alineados. Pero la desconfianza es grande. Muchos gobernadores ya no consideran viable seguir atados a una conducción que, según ellos, los arrastra a derrotas seguras.
La lista de figuras que rompieron con Cristina y luego regresaron “al redil” es larga: Massa, Lavagna, Randazzo, Schiaretti, Urtubey, De la Sota y hasta Alberto Fernández. Una advertencia que explica por qué pocos se animan a dar el salto.
Mientras tanto, Milei mueve las piezas
En paralelo, el Gobierno avanza con una estrategia quirúrgica: sumar legisladores sueltos, fragmentar a la oposición y acelerar la discusión de reformas clave. Con Patricia Bullrich como operadora política, La Libertad Avanza incorporó nuevos diputados y quedó a solo tres bancas del peronismo.
Los gobernadores del norte necesitan fondos y gobernabilidad, por lo que exploran formar un bloque propio en Diputados y el Senado. Si eso se concreta, Unión por la Patria perdería la primera minoría. Para Milei, sería una oportunidad histórica.
Además, el oficialismo relanzó la “motosierra”: privatizaciones, recorte masivo de subsidios a la energía y un plan para debatir la reforma laboral en tres semanas, pese a que incluye las fiestas de fin de año y un Congreso fragmentado. Difícil, pero no imposible.
¿Un punto de quiebre?
El kirchnerismo enfrenta su escenario más complejo desde 2015. El liderazgo de Cristina ya no ordena, los gobernadores se alejan, las derrotas se acumulan y la conducción interna parece incapaz de romper el ciclo que se repite elección tras elección.
El resto del peronismo evalúa una última negociación. Una chance de recomponer algo de unidad. Pero cada vez son menos los incentivos para quedarse.
La pregunta, una vez más, queda flotando en el aire:
¿qué hacer con el kirchnerismo?
Y esta vez, la respuesta podría no ser la misma de los últimos veinte años.






