México atraviesa horas de extrema tensión luego de que se confirmara la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), en un enfrentamiento con el Ejército. Tras la caída del capo narco, el grupo criminal desplegó una ofensiva coordinada en distintas ciudades del oeste y norte del país, generando un escenario de violencia generalizada.

Nemesio Oseguera Cervantes, considerado uno de los narcotraficantes más buscados del mundo, fue abatido por fuerzas federales, según informaron autoridades mexicanas. En cuestión de horas, células armadas del Cártel Jalisco Nueva Generación lanzaron ataques simultáneos, bloqueos de rutas e incendios de vehículos en señal de represalia.

En ciudades como Puerto Vallarta y Guadalajara se registraron enfrentamientos armados, quema de camiones y cortes totales en accesos estratégicos. En redes sociales circularon videos que muestran vehículos atravesados en las rutas, comandos armados obligando a civiles a descender de sus autos y ráfagas de fusiles en zonas urbanas.

Estados paralizados y “Código Rojo”

Las acciones del CJNG lograron paralizar arterias clave en al menos cinco estados. En la Carretera a Chapala se reportaron ataques contra la Guardia Nacional, mientras que policías estatales fueron blanco de agresiones en sectores neurálgicos.

Localidades como Mazamitla, Tapalpa y Autlán de Navarro quedaron prácticamente aisladas tras la quema de vehículos en los accesos. La suspensión del transporte público dejó a miles de personas varadas, incluidos turistas.

Ante la gravedad de la situación, el gobernador Pablo Lemus activó el protocolo de emergencia máxima. El aeropuerto de Puerto Vallarta cerró operaciones y se suspendieron clases y servicios públicos en distintas zonas.

El gobierno estatal pidió a la población permanecer en sus domicilios mientras el Ejército intenta retomar el control de los territorios afectados. La muerte de “El Mencho” marca un punto de inflexión en la lucha contra el narcotráfico en México, pero también abre un escenario de incertidumbre ante la posible fragmentación o reconfiguración del poder criminal.