La Cámara de Diputados se prepara para una de las semanas más intensas desde la asunción de Javier Milei. En apenas tres días hábiles, el oficialismo intentará convertir en ley la reforma laboral que ya cuenta con media sanción del Senado, mientras la Confederación General del Trabajo (CGT) confirmó un paro general en rechazo al proyecto.
Tras el feriado extralargo de Carnaval, el Congreso vuelve al centro de la escena política con un cronograma ajustado y negociaciones contrarreloj.
El plan del oficialismo
El Gobierno prorrogó las sesiones extraordinarias hasta el 28 de febrero con un objetivo claro: sancionar la reforma antes del 1° de marzo, cuando el Presidente inaugure el período ordinario ante la Asamblea Legislativa.
Antes de llegar al recinto, el proyecto deberá atravesar el plenario de las comisiones de Legislación del Trabajo y de Presupuesto y Hacienda. Allí se debatirán los cambios reclamados por sectores opositores, entre ellos:
- Modificaciones en las licencias médicas y eventuales quitas salariales.
- El Fondo de Asistencia Laboral (FAL).
- La derogación de estatutos profesionales específicos.
La intención del oficialismo es obtener dictamen el miércoles y sesionar jueves o viernes, evitando introducir cambios que obliguen a devolver la iniciativa al Senado.
La CGT activa el paro
En paralelo, la central obrera resolvió convocar a un paro general de 24 horas contra la reforma. El triunvirato que conduce la CGT —Octavio Argüello, Jorge Sola y Cristian Jerónimo— decidió avanzar con la medida ante la presión de las bases sindicales.
La fecha exacta dependerá del día de sesión en Diputados, pero el acatamiento del transporte será determinante para medir el impacto real de la protesta. En ese sentido, la postura de la Unión Tranviarios Automotor (UTA) será clave para garantizar la paralización de colectivos, especialmente en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA).
Además, las dos CTA también anunciaron cese de actividades y movilización frente al Congreso para el jueves, lo que anticipa un clima de alta tensión política y sindical.
Una semana decisiva
El oficialismo confía en contar con el respaldo de aliados parlamentarios para aprobar el texto sin modificaciones. La oposición, en cambio, busca introducir cambios o, al menos, extender el debate.
Con el Congreso como epicentro y el movimiento obrero en estado de alerta, la reforma laboral ingresa en su tramo final en medio de un escenario que combina presión política, pulseada legislativa y amenaza de conflicto en las calles.






