La aprobación de la reforma laboral en la Cámara de Diputados abrió una nueva etapa de tensión entre el Gobierno y el movimiento obrero. Con el proyecto ahora a la espera de su tratamiento definitivo en el Senado de la Nación Argentina, sectores sindicales reclaman profundizar el plan de lucha y avanzar hacia un paro general de 36 horas.

La ley impulsada por el gobierno de Javier Milei fue sancionada en la Cámara baja con modificaciones, por lo que deberá volver al Senado para su ratificación. Mientras tanto, dentro del universo gremial se abren distintas estrategias para enfrentar su eventual promulgación.

Presión interna en la CGT

En el seno de la Confederación General del Trabajo conviven posiciones divergentes. Los gremios más combativos impulsan un paro de 36 horas con movilización incluida antes del debate en la Cámara Alta.

Entre quienes promueven esa línea se encuentra Abel Furlán, titular de la Unión Obrera Metalúrgica, que llamó a intensificar la protesta con una jornada de movilización seguida de un paro activo.

Otros sectores dentro de la central obrera apuestan por un camino institucional, que incluye la judicialización de la norma y la presentación de planteos de inconstitucionalidad una vez que la ley sea publicada en el Boletín Oficial.

Tres caminos en debate

En el mapa sindical aparecen tres líneas principales:

Una estrategia de confrontación directa con paro extendido y movilizaciones masivas.
Una vía judicial para intentar frenar la aplicación de la ley.
Una construcción política de largo plazo con la mirada puesta en el escenario electoral de 2027.

Desde la conducción cegetista anticiparon que el conflicto no está cerrado y que el Consejo Directivo volverá a reunirse para definir los próximos pasos.

Mientras el oficialismo confía en que el Senado sancione la reforma en los próximos días, el escenario sindical se reconfigura entre la disputa en la calle, los tribunales y el terreno político.