La crisis económica sigue profundizando su impacto y ya se refleja con fuerza en el sistema financiero: la mora en los créditos de familias y empresas alcanzó niveles récord, superando incluso los picos de crisis anteriores.
Según un informe de la consultora 1816, que anticipa datos del Banco Central de la República Argentina, los atrasos en pagos mayores a 90 días vienen creciendo de forma sostenida y ya muestran cifras alarmantes .
Familias en rojo: deuda en fuerte aumento
El deterioro es particularmente fuerte en los hogares:
- La mora se cuadruplicó desde octubre de 2024
- En febrero de 2026 alcanzó el 11,2%, frente al 10,6% de enero
- Supera niveles de crisis como la subprime, la pandemia e incluso la salida de la Convertibilidad
Este salto refleja el impacto combinado de la caída del poder adquisitivo y las altas tasas de interés.
Empresas también en alerta
El sector privado tampoco escapa a la tendencia:
- La mora empresarial subió del 2,8% al 2,9%
- La mora total del sistema alcanzó el 6,7%
Aunque el nivel es menor que en familias, la suba sostenida genera preocupación sobre la cadena de pagos.
Billeteras virtuales: el punto más crítico
El dato más preocupante surge del financiamiento fuera del sistema bancario tradicional:
- La mora en billeteras virtuales llegó al 29,9%
- Es decir, 3 de cada 10 usuarios no pueden devolver sus préstamos
Este fenómeno se explica por el crecimiento del crédito digital ante la falta de acceso a bancos, pero con tasas más elevadas y condiciones más exigentes.
Tasas altas y presión financiera
El informe también destaca que los préstamos personales mantienen tasas cercanas al 70%, lo que incrementa la carga financiera y dificulta el cumplimiento de pagos.
Este escenario genera un efecto dominó en la economía: familias endeudadas, empresas con menor liquidez y un sistema financiero bajo presión.
Un indicador clave de la crisis
El aumento de la mora es uno de los principales termómetros de la situación económica. Su escalada evidencia no solo dificultades coyunturales, sino también un deterioro estructural en la capacidad de pago de hogares y empresas.
Con tasas elevadas y caída del ingreso real, el desafío será frenar esta dinámica antes de que impacte aún más en el consumo y la actividad económica.






