El dólar blue reanudó su cotización este jueves 10 de julio con una suba de $10 respecto al cierre previo, y se vende en el mercado informal a $1.290, mientras que la compra se ubica en $1.270. La suba se produce luego del feriado por el Día de la Independencia, reflejando la tensión constante en el mercado cambiario paralelo.

La cotización del dólar blue sigue marcando la referencia para los pequeños ahorristas y operadores informales, en un contexto de incertidumbre económica y presión inflacionaria. Durante 2024, el dólar blue ya había cerrado el año con una fuerte alza, en torno a los $1.230, lo que significó un incremento anual del +16,7% respecto de los $1.025 con los que había comenzado el año.

La evolución histórica del dólar informal muestra incrementos sostenidos:

  • En 2023, subió $654, tras cerrar 2022 a $346.
  • En 2022, aumentó $138 (+66,4%), cerrando en $346.
  • En 2021, el avance fue de apenas $42 (+25,3%), por debajo de la inflación de ese año (50,9%).
  • En 2020, el salto fue abrupto: +111%, en medio de la crisis por la pandemia y restricciones cambiarias.

¿Qué es el dólar blue?
Se conoce como “dólar blue” al tipo de cambio que opera en el mercado paralelo o informal. A diferencia del dólar oficial, no tiene restricciones ni regulaciones estatales, y su precio se define en transacciones entre particulares, casas de cambio no autorizadas o las llamadas “cuevas”.

¿Por qué se lo llama dólar blue?
Hay distintas teorías sobre el origen del nombre:

  • En inglés, “blue” no solo se refiere al color, sino también a lo oculto o ilegal.
  • Otra versión lo asocia a las «blue chips», acciones de empresas de primera línea, comúnmente utilizadas en maniobras de cambio bursátil.
  • Algunos sostienen que se relaciona con el color que aparece al aplicar un fibrón detector sobre billetes falsos.

En lo inmediato, el mercado sigue atento a los movimientos del Gobierno, la evolución de las reservas del Banco Central y las definiciones políticas de cara a los próximos meses. Mientras tanto, el dólar blue sigue su curso al margen de los controles oficiales, marcando el termómetro del nerviosismo financiero.