La cotización llegó a $1.510 y registró su mayor avance diario en casi tres meses. Analistas consideran que el movimiento no genera alarma y creen que el Gobierno podría tolerar un dólar más alto para priorizar la actividad económica y la competitividad.

El dólar oficial mayorista superó finalmente los $1.500 y abrió un nuevo escenario para el mercado cambiario argentino. La cotización avanzó $11, un 0,7%, y cerró en $1.510, después de varias jornadas en las que había operado cerca de ese nivel.

El movimiento representó la mayor suba diaria en casi tres meses y también tuvo impacto sobre los dólares financieros. El contado con liquidación (CCL), por ejemplo, alcanzó los $1.600.

A pesar de tratarse de una barrera simbólica para el mercado, distintos analistas consideran que el avance responde a una corrección del tipo de cambio y no necesariamente anticipa un salto brusco del dólar.

Por qué el dólar superó los $1.500

Entre los factores que explican el movimiento aparecen la liquidez disponible en pesos, el nivel de las tasas de interés y el resultado de la última licitación de deuda.

El economista Federico Glustein sostuvo que la combinación de tasas reales negativas y los excedentes que quedaron luego de la licitación terminó impulsando parte de esos fondos hacia diferentes activos, entre ellos el dólar.

Para el especialista, el incremento era previsible. De hecho, las estimaciones del último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) ubicaban al tipo de cambio en niveles similares hacia fines de septiembre.

Pablo Repetto, Head of Research de Aurum Valores, también relativizó el movimiento y lo definió como “una corrección relativamente normal”, al considerar que el dólar podría incluso ubicarse algo más arriba sin representar necesariamente una señal de alarma.

El Gobierno enfrenta el dilema entre dólar, tasas y actividad

La evolución cambiaria vuelve a colocar al Gobierno frente a una decisión económica: mantener un dólar contenido para reducir su impacto sobre los precios o permitir una mayor flexibilidad cambiaria para sostener tasas más bajas y estimular la actividad.

Según los analistas citados, el Ejecutivo podría estar inclinándose por esta segunda alternativa.

Glustein señaló que actualmente la actividad económica muestra dinamismo concentrado en determinados sectores y consideró que el Gobierno podría priorizar su recuperación.

En la misma línea, Gabriel Caamaño, director de la consultora Outlier, sostuvo que una vez flexibilizado el límite informal de los $1.500 deberían disminuir tanto las tasas en pesos como su volatilidad.

El atraso cambiario vuelve al centro del debate

Otro de los argumentos que aparecen detrás de una eventual mayor flexibilidad del dólar es la necesidad de evitar una apreciación excesiva del peso.

El analista José Ignacio Bano recordó que el dólar mayorista ya había estado cerca de los $1.500 a fines de octubre, mientras que desde entonces la inflación acumulada superó el 25%.

En ese contexto, consideró que mantener durante demasiado tiempo el mismo valor nominal del dólar puede provocar que la Argentina se vuelva más cara en moneda estadounidense y pierda competitividad.

Según su análisis, en períodos largos debería existir cierta correspondencia entre la evolución de la inflación y el tipo de cambio, aunque descartó como escenario más probable un ajuste abrupto destinado a recuperar de una sola vez el atraso acumulado.

El mercado muestra mayor demanda de cobertura

El avance también estuvo acompañado por una mayor demanda de cobertura cambiaria, aunque los operadores parecen mostrar mayor comodidad con un dólar por encima de los niveles de las últimas semanas.

Hasta ahora, el Banco Central (BCRA) y el Gobierno venían defendiendo la zona de los $1.500 mediante intervenciones en contratos de dólar futuro y bonos dólar linked.

Sin embargo, durante el inicio de esta semana también se detectó participación oficial y, según la lectura del mercado, sin esa intervención la cotización podría haber terminado incluso por encima de los $1.510.

La atención estará puesta ahora en determinar si la ruptura de los $1.500 fue únicamente un movimiento puntual o si marca el comienzo de una nueva etapa en la que el Gobierno permita una mayor flexibilidad del tipo de cambio para reducir la presión sobre las tasas y favorecer la actividad económica.