La salida de José Luis Espert de la lista de La Libertad Avanza (LLA) no fue una sorpresa dentro del Gobierno, sino una decisión acelerada por el temor a una derrota de magnitud histórica en la provincia de Buenos Aires. Según encuestas internas, el oficialismo estaría entre 18 y 20 puntos por debajo del principal frente opositor, una diferencia difícil de revertir a tres semanas de las elecciones legislativas.
Un Gobierno sin tiempo para cambiar la agenda
El problema no era Espert. El problema era que el Gobierno se quedaba sin tiempo para modificar el eje del debate público. En los despachos libertarios reconocen que no lograron instalar los temas que querían: la baja de la inflación, la reducción del gasto político, la desregulación del mercado y el relato de una “nueva Argentina potencia”.
En cambio, la agenda mediática se llenó de escándalos: el caso Espert, las escuchas en la ANDIS, el 3% de Karina, los choques en la cúpula del “triángulo de hierro”, los cruces en el Congreso y las dudas sobre la suspensión de las retenciones, todo atravesado por la tensión cambiaria.
“Estamos perdiendo tiempo hablando de defensas y aclaraciones, cuando deberíamos estar hablando de logros”, resumió un funcionario de la Jefatura de Gabinete.
Milei, más moderado, pero sin épica
Javier Milei intentó calmar el clima político. Moderó su discurso, abandonó su clásico “¡Viva la libertad, carajo!”, se mostró junto a Mauricio Macri, habilitó fondos a provincias y envió a su ministro Catalán a negociar con gobernadores. Sin embargo, esa versión más institucional del Presidente no logró recuperar la energía épica de campaña que lo llevó al poder.
“La gente lo votó por su rebeldía, no por su diplomacia”, explican en el oficialismo, donde reconocen que el tiempo se agota para revertir la tendencia.
El error político que complicó todo
La candidatura de Espert fue una decisión personal de Milei. A diferencia de otras postulaciones, no pasó por los filtros partidarios ni por acuerdos con el PRO. Por eso, bajarlo resultó políticamente complejo.
Mientras tanto, en el entorno presidencial se multiplicaban los pedidos para que “El Profe” saliera a dar explicaciones. Pero cada intento fue peor que el anterior: una entrevista fallida en A24, un mensaje grabado en redes que no convenció, y una aparición en Radio Mitre que pasó inadvertida.
Finalmente, Espert entendió que el daño era mayor que su permanencia y decidió apartarse. Según fuentes del Gobierno, Milei no se lo pidió directamente, aunque avaló la decisión de inmediato.
La campaña ahora queda en manos de Diego Santilli
Tras la renuncia, Diego Santilli asumió el liderazgo de la campaña bonaerense. Hombre del PRO, con pasado peronista y vínculos con Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich, representa una figura pragmática dentro del espacio libertario.
No era el plan de Karina Milei tener un candidato “ajeno” encabezando la boleta, pero el contexto no dejó alternativas. En su entorno, Santilli apuesta a “una campaña de cercanía y esfuerzo”, aunque reconoce las limitaciones:
“Si pierde por mucho, la culpa será del escándalo. Si achica la diferencia, el mérito será suyo”, analizan sus colaboradores.
Además, las autoridades electorales todavía deben resolver si se autoriza o no la reimpresión de la Boleta Única de Papel, que aún lleva el nombre y la foto de Espert. Si no se aprueba, los bonaerenses votarán con una papeleta desactualizada.
Una nueva etapa, con sabor a final
El Gobierno inicia ahora un intento de relanzamiento de campaña. Con Santilli como nuevo rostro y Milei nuevamente en el territorio bonaerense, el objetivo es reordenar la narrativa y recuperar terreno en las encuestas.
Pero en los pasillos de Balcarce 50 reconocen que el margen es mínimo. “La salida de Espert era inevitable, pero llega tarde”, admiten. Y mientras crece el miedo a una derrota que podría alterar el mapa político, el oficialismo apuesta a una última jugada para mantener viva la ilusión del cambio.






