El estado venezolano de La Guaira fue declarado zona de desastre luego de los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron al país y provocaron graves daños estructurales en distintos puntos de la región. La zona, ubicada sobre la costa del mar Caribe y a pocos kilómetros de Caracas, concentra una parte fundamental de la actividad turística, aeroportuaria y portuaria de Venezuela.
Una región estratégica para el país
La Guaira se encuentra a unos 40 minutos de la capital venezolana y alberga el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía, la principal puerta de entrada y salida aérea del país. Además, junto con Puerto Cabello, concentra buena parte del movimiento portuario nacional.
La economía del estado depende en gran medida del turismo, impulsado por sus playas, hoteles y complejos residenciales frente al Caribe, muchos de los cuales sufrieron importantes daños tras los sismos.
Edificios colapsados y búsqueda de sobrevivientes
Las consecuencias de los terremotos fueron especialmente severas en localidades como Catia La Mar y Playa Grande, donde se registró el derrumbe de al menos 15 edificios y numerosos daños estructurales.
Uno de los episodios más dramáticos fue el colapso del hotel Eduard’s, un tradicional establecimiento de la costa donde, según trascendió, se encontraban familiares y allegados de integrantes de equipos de béisbol venezolanos.
Mientras continúan las tareas de rescate, brigadas de Protección Civil, bomberos y equipos especializados trabajan entre los escombros en busca de sobrevivientes. También se registraron cortes de energía en distintos sectores, aunque el suministro de agua potable y las telecomunicaciones continuaban operando en gran parte de la región.
Una zona marcada por las tragedias naturales
La Guaira ya había sufrido una de las peores catástrofes de la historia venezolana. En diciembre de 1999, cuando aún era conocida como estado Vargas, intensas lluvias provocaron inundaciones y aludes que destruyeron gran parte de la región.
Aquella tragedia dejó miles de desaparecidos, barrios enteros sepultados por el barro y una cifra de víctimas que nunca pudo establecerse con precisión, aunque distintas estimaciones la ubicaron entre 10.000 y 30.000 fallecidos.
Más de dos décadas después, la región vuelve a enfrentar una emergencia de gran magnitud que golpea a una de las zonas más importantes y estratégicas de Venezuela.






