El fenómeno climático de El Niño comenzó a mostrar señales concretas de reactivación y ya genera preocupación entre especialistas de todo el mundo. La NASA detectó mediante monitoreo satelital una enorme masa de agua cálida avanzando sobre el océano Pacífico rumbo a las costas de Sudamérica, un comportamiento asociado históricamente a fuertes alteraciones climáticas globales.

Según explicaron investigadores, el fenómeno está siendo seguido a través de las llamadas “ondas Kelvin cálidas”, enormes desplazamientos de agua caliente que se producen debajo de la superficie del océano cuando los vientos alisios pierden intensidad o cambian de dirección.

Estas ondas avanzan desde el Pacífico occidental hacia Sudamérica y suelen ser una de las principales señales previas al desarrollo de eventos de El Niño.

Qué detectó la NASA

Los registros más recientes mostraron que el nivel del mar frente a las costas de Perú ya supera en más de 15 centímetros el promedio histórico, un indicador que para los científicos refleja el aumento de temperatura en las capas profundas del océano.

De acuerdo con el monitoreo satelital:

  • A fines de enero apareció una primera onda cálida cerca de Micronesia.
  • En marzo surgió una segunda formación mucho más intensa.
  • En mayo, la masa cálida alcanzó gran parte del Pacífico oriental frente a Sudamérica.

Especialistas del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA advirtieron que el fenómeno todavía está en desarrollo, aunque reconocieron que la evolución actual comienza a asemejarse a eventos muy intensos registrados en 1997 y 2015.

Cuál podría ser el impacto climático

El Niño altera los patrones atmosféricos a nivel mundial y suele provocar fenómenos extremos en distintas regiones del planeta.

Entre las posibles consecuencias aparecen:

  • Lluvias intensas e inundaciones.
  • Sequías prolongadas.
  • Cambios bruscos de temperatura.
  • Alteraciones en tormentas y corrientes atmosféricas.
  • Impactos económicos sobre agricultura, energía y alimentos.

Los especialistas estiman que el evento alcanzaría su punto máximo entre noviembre y enero, período en el que podrían sentirse con mayor fuerza sus efectos climáticos y económicos.

Aunque todavía no existe una proyección definitiva sobre la intensidad final del fenómeno, el seguimiento satelital se intensificó durante las últimas semanas ante la rápida evolución de las aguas cálidas en el Pacífico.