Francia sigue conmocionada tras el espectacular robo al Museo del Louvre, el más famoso y visitado del mundo. Pero entre la sorpresa y la indignación, llegó una buena noticia: la corona de la emperatriz Eugenia de Montijo fue recuperada en las últimas horas, aunque con daños visibles en su estructura.
Un hallazgo inesperado tras un golpe cinematográfico
Según confirmaron fuentes del Ministerio de Cultura francés, la pieza apareció abandonada en una calle cercana al río Sena, probablemente caída durante la huida de los delincuentes que protagonizaron el robo relámpago de este domingo. Los ladrones ingresaron al Louvre con una plataforma elevadora, irrumpieron en la Galería de Apolo —donde se exhiben las Joyas de la Corona— y en apenas siete minutos se llevaron un botín de valor incalculable perteneciente a la colección napoleónica.
Entre los objetos sustraídos figuraban una tiara, un collar, un broche y la célebre corona de Eugenia, esposa de Napoleón III. Aunque la mayoría de las piezas siguen desaparecidas, el hallazgo de la corona representa un avance importante para la investigación, que ya está en manos de la Brigada de Represión del Bandolerismo (BRB) y la Oficina Central de Lucha contra el Tráfico de Bienes Culturales (OCBC).
Una joya de la historia francesa
La corona de Eugenia de Montijo es considerada una obra maestra del arte orfebre del siglo XIX. Está compuesta por 1.353 diamantes y 56 esmeraldas, con ocho arcos en forma de águila cincelada en oro, rematados por un globo de diamantes y una cruz latina.
Cada detalle refleja el refinamiento y la influencia de Eugenia, última emperatriz de Francia y una figura clave de la historia europea. Nacida en Granada, España, la aristócrata se educó entre Inglaterra y Francia, y rompió moldes al ejercer la regencia del Imperio en tres ocasiones. Fue una promotora del arte, la educación y los derechos de las mujeres.
De la corte imperial al Louvre
Tras la caída del Segundo Imperio Francés en 1870, Eugenia se exilió en Inglaterra y debió subastar buena parte de sus joyas. Sin embargo, varias piezas fueron recuperadas por coleccionistas franceses y, años después, donadas al Museo del Louvre.
La corona fue legada por la princesa María Clotilde Bonaparte y posteriormente donada al museo por Roberto Polo a fines del siglo XX. Desde entonces, formaba parte de la exposición permanente en la Galería de Apolo, junto a otras joyas célebres como la diadema de perlas y el lazo de diamantes de la emperatriz.
Una historia con final abierto
Aunque la recuperación de la corona es un alivio, el robo dejó al descubierto fallas en la seguridad del museo más vigilado del planeta. Las autoridades investigan si los delincuentes contaron con información interna y si el reducido personal de seguridad —denunciado por los empleados en una huelga reciente— fue insuficiente para evitar el asalto.
Por ahora, el Louvre permanece cerrado por “razones excepcionales”, mientras expertos restauradores evalúan los daños en la pieza y los investigadores intentan rastrear el resto del tesoro imperial.






