En su primer día de prisión domiciliaria, la expresidenta grabó un mensaje sin imagen y habló ante una Plaza de Mayo colmada. Críticas al gobierno, llamado al peronismo y el retorno de una consigna: “Vamos a volver”.

Cristina Fernández de Kirchner reapareció públicamente con un mensaje de ocho minutos grabado y sin imagen, en lo que fue su primera intervención tras el comienzo de su prisión domiciliaria. Desde su departamento del barrio porteño de Constitución, la expresidenta eligió dirigirse a la militancia peronista que se movilizó hacia Plaza de Mayo en un acto convocado por el Partido Justicialista. Su discurso fue reproducido por los altavoces del escenario principal, mientras columnas de agrupaciones sociales, sindicales y políticas colmaban la histórica plaza.

“Estoy firme, tranquila y con prohibición de salir al balcón. Un cachivache todo”, abrió Cristina, en un tono que alternó entre la ironía y la denuncia. Fue su única aparición durante el acto, aunque más tarde retomó brevemente el contacto a través de una intervención espontánea transmitida en vivo.

Críticas al modelo libertario

En uno de los pasajes más duros, Fernández de Kirchner apuntó contra la gestión económica actual, encabezada por el presidente Milei y el ministro de Economía, Luis Caputo. Afirmó que el modelo vigente “tiene vencimiento, como el yogur”, y lo comparó con otros momentos de ajuste que, según ella, fracasaron en la historia reciente del país.

“La gente tiene que tarjetear la comida y no puede pagar la tarjeta. Es un modelo donde es más barato comprar ropa afuera que en el país. No tiene ningún tipo de sustentabilidad”, dijo. En otro tramo, acusó al “verdadero poder económico” de querer mantenerla encarcelada: “Estoy presa porque saben que este modelo se cae. No me dejaron competir porque saben que pierden.”

Una Plaza que volvió a llenarse

La convocatoria fue amplia. La organización estimó más de medio millón de personas, aunque no hubo cifras oficiales. Entre los presentes se encontraban Máximo Kirchner, Axel Kicillof, Sergio Massa, Alicia Kirchner y referentes sindicales como Hugo Yasky. Algunos dirigentes llegaron agrupados; otros, en columnas separadas. La plaza se llenó de banderas de La Cámpora, sindicatos del conurbano bonaerense y agrupaciones como el Partido Comunista Revolucionario o el MAS.

La ausencia de una escenografía tradicional no impidió que el acto adquiriera tono de relanzamiento político. El único mensaje fue el de Cristina. No hubo oradores ni lectura de documentos. La jornada cerró con la reproducción de la canción “Todo preso es político”, de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

El retorno de una consigna y un rol a redefinir

“Vamos a volver”, se escuchó repetidamente entre los cánticos. Cristina no solo retomó esa consigna sino que la reafirmó en su mensaje: “Volvimos con Perón. Volvimos con Néstor. Vamos a volver con más sabiduría y con más fuerza. Desde la trinchera que me toque, voy a estar”.

El cierre de su discurso, lejos de sonar a despedida, dejó entrever que su rol dentro del movimiento peronista no está terminado. Aunque imposibilitada legalmente de competir, la expresidenta dejó un mensaje político en clave de resistencia.

Una intervención inesperada

Minutos después del mensaje grabado, Fernández de Kirchner reapareció brevemente en vivo, a través de una comunicación improvisada. “Tenemos que darnos maña para comunicarnos ahora, con esto de la tecnología”, dijo en tono más distendido. Agradeció a los militantes por el acompañamiento y concluyó su intervención sin cámara, solo con su voz, como en los viejos actos de radio política.

Una señal para el peronismo

La reaparición de Cristina, en el contexto de su prisión domiciliaria, fue más que una declaración de principios. Funcionó como una señal clara hacia la interna peronista y hacia los sectores que aún la reconocen como líder central. Sin necesidad de un escenario, su mensaje reafirmó su peso simbólico y dejó planteado un interrogante: ¿será el puntapié para una nueva etapa de reorganización partidaria?

Por ahora, Cristina habló. No desde un palco, sino desde el encierro. Y aun así, volvió a marcar el ritmo de la agenda política.