El Gobierno nacional, con el presidente Javier Milei al frente, lanzó una estrategia de contención bautizada informalmente como la “Cúpula de Quirno”, en alusión al secretario de Finanzas, Pablo Quirno. El plan busca evitar que el dólar oficial cruce el techo de $1.450, utilizando un arsenal de herramientas financieras que van desde subas de tasas, encajes más altos y colocación de deuda en pesos suscripta en dólares, hasta intervención directa del Banco Central.
Inspirada en el sistema defensivo antimisiles de Israel, esta cúpula no solo tiene respaldo técnico sino también aval del Fondo Monetario Internacional (FMI), que recientemente giró al país un nuevo desembolso de u$s2.000 millones. El objetivo del equipo económico es claro: blindar el mercado cambiario ante la volatilidad preelectoral y evitar sobresaltos que comprometan la estabilidad política y económica.
Uno de los pilares del plan es la absorción de pesos del mercado. Se aumentó el encaje bancario al 40%, se ofrecieron bonos del Tesoro a una tasa del 65% y se diseñó un esquema de financiamiento que permite suscribir deuda en pesos con dólares, apuntando a atraer capitales de exportadores e inversores.
Sin embargo, en la City porteña hay escepticismo. Pese a los controles, el dólar mayorista ya ronda los $1.364 —a menos del 7% del techo— y el mercado pone a prueba la capacidad del BCRA para resistir una escalada. Analistas advierten que las reservas netas apenas superan los u$s7.000 millones, y las últimas licitaciones de deuda no lograron absorber toda la liquidez esperada, lo que deja un margen para nuevas presiones sobre el tipo de cambio.
El FMI instó al Gobierno a fortalecer la credibilidad del esquema monetario con una hoja de ruta clara en la compra de divisas. Por su parte, Caputo y Quirno mantienen el discurso de que «los pesos sobran» y que no habrá sobresaltos, aunque la experiencia electoral argentina reciente indica que las tensiones pueden acelerarse en las próximas semanas.
La “Cúpula de Quirno”, con su sofisticado andamiaje financiero, enfrenta así su primera gran prueba de fuego. El desenlace dependerá no solo de las herramientas técnicas, sino también de la confianza del mercado y de la capacidad política del Gobierno para sostener su estrategia frente a los vaivenes electorales y la presión constante de los dólares paralelos.






