A casi tres meses de su elección como pontífice, el papa León XIV vivió su primera gran prueba ante las masas este sábado, al presidir una vigilia de oración durante el Jubileo de la Juventud en Tor Vergata, Roma. Ante más de un millón de jóvenes provenientes de 146 países, el pontífice no solo logró conectar con el entusiasmo juvenil, sino que mostró una faceta más cercana, espontánea y carismática, muy distinta a la imagen reservada que había proyectado desde el inicio de su pontificado.
Desde su llegada al campo de Tor Vergata, León XIV fue recibido con ovaciones y un clima de celebración. Saludó desde el papamóvil durante más de media hora, bendiciendo a los presentes, sonriendo, haciendo gestos de aprobación y hasta atrapando con agilidad una pelotita lanzada desde la multitud. Durante el encuentro, respondió preguntas en tres idiomas —español, italiano e inglés— y habló de la amistad, la vocación y la esperanza en Cristo, citando a san Agustín, san Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco.
“Encontramos la felicidad cuando nos donamos a nosotros mismos”, expresó. Y agregó: “La amistad puede cambiar al mundo, la amistad es el camino para la paz”.
En un emotivo momento de adoración eucarística, León XIV se mostró profundamente conmovido y recogido, en un silencio que contrastó con la euforia inicial del evento. “Gracias, Jesús, por llamarme. Gracias por habernos amado”, exclamó en nombre de todos los presentes.
El evento fue comparado por analistas vaticanos con los debuts multitudinarios de Benedicto XVI en Colonia (2005) y Francisco en Río de Janeiro (2013). Tanto Inés San Martín como Juan Vicente Boo coincidieron en que este “baño de masas” marca un antes y un después para el nuevo papa, que comienza a encontrar su lugar ante el mundo.
En un escenario cargado de espiritualidad, diversidad y alegría juvenil, León XIV no solo se ganó la ovación del millón de jóvenes que colmaron Tor Vergata, sino que dejó claro que su pontificado puede combinar sobriedad y conexión emocional. Un primer gran paso —humano y pastoral— hacia una Iglesia que, bajo su guía, parece dispuesta a abrir una nueva etapa.






