El juicio por el hundimiento del submarino ARA San Juan ingresó en una etapa decisiva. Durante los alegatos ante el Tribunal Oral Federal de Río Gallegos, la fiscalía solicitó penas de entre tres y cinco años de prisión para cuatro exjefes de la Armada, al considerar que la tragedia que terminó con la vida de los 44 tripulantes era un desenlace previsible debido a las deficiencias operativas y técnicas que presentaba la embarcación.

Los fiscales sostuvieron que los acusados conocían el estado del submarino y, aun así, autorizaron su continuidad en operaciones. «El resultado era predecible», afirmaron durante la exposición, al remarcar que existieron omisiones y decisiones que incrementaron el riesgo al que fue sometida la tripulación.

Las penas más elevadas fueron solicitadas para el contralmirante retirado Luis Enrique López Mazzeo y el excomandante de la Fuerza de Submarinos Claudio Villamide, para quienes se pidió una condena de cinco años de prisión. En tanto, para Héctor Aníbal Alonso se requirieron cuatro años y para Hugo Miguel Correa, tres años.

Según la acusación, el ARA San Juan acumulaba antecedentes técnicos y advertencias que debían haber motivado mayores controles. La fiscalía señaló que existía información suficiente para advertir los riesgos de navegación y cuestionó especialmente la decisión de postergar una inspección de seguridad que debía realizarse antes del viaje final del submarino.

«Se priorizó la realización de operaciones por sobre una inspección de seguridad», remarcaron los fiscales, quienes sostuvieron que los imputados incumplieron los deberes de cuidado inherentes a sus cargos y expusieron a la tripulación a un peligro extraordinario.

El debate oral es encabezado por los jueces Mario Reynaldi, Enrique Baronetto, Luis Alberto Giménez y Guillermo Adolfo Quadrini. Tras la finalización del alegato del Ministerio Público Fiscal, será el turno de las querellas y posteriormente de las defensas.

El ARA San Juan desapareció el 15 de noviembre de 2017 mientras realizaba el trayecto entre Ushuaia y Mar del Plata. Un año después, sus restos fueron encontrados a casi 900 metros de profundidad en el Atlántico Sur, en uno de los episodios más dolorosos y trascendentes de la historia reciente de la Armada Argentina.