La administración de Donald Trump extendió los gravámenes del 50% a un conjunto de productos derivados del acero y el aluminio. La medida impactará sobre maquinaria, muebles, turbinas y más de 400 categorías de bienes.
El gobierno de Estados Unidos anunció este miércoles una ampliación de los aranceles al acero y al aluminio, que ahora abarcan a 407 nuevos productos derivados de esos materiales. La decisión, publicada en el Registro Federal y confirmada por el Departamento de Comercio, eleva al 50% los gravámenes aplicados sobre bienes que van desde maquinaria industrial hasta muebles de uso cotidiano.
Entre los artículos alcanzados por la medida se encuentran turbinas de viento, equipos de construcción, compresores, grúas, vagones y hasta sillas para bebés. Según explicó Jeffrey Kessler, subsecretario de Comercio para la Industria y la Seguridad, el objetivo es “cerrar vías de evasión de aranceles y fortalecer la producción estadounidense”.
La disposición se enmarca en la estrategia proteccionista impulsada por el presidente Donald Trump, que en junio ya había duplicado los aranceles iniciales. El gobierno argumenta que la medida busca proteger los empleos en la industria metalúrgica y garantizar la competitividad frente a importaciones más baratas provenientes de Europa y Asia.
Si bien en un primer momento el impacto en los precios al consumidor es limitado, los especialistas advierten que a mediano plazo podría presionar sobre la inflación y generar distorsiones en sectores clave como la construcción y la industria automotriz.
Algunas empresas reaccionaron adelantando importaciones para evitar la suba, mientras que otras comenzaron a trasladar parte de los mayores costos a los consumidores o a absorberlos parcialmente. Los analistas, sin embargo, coinciden en que esta última estrategia no será sostenible en el tiempo.
La decisión refuerza el perfil nacionalista de la política económica de Trump, que divide opiniones tanto dentro como fuera de Estados Unidos: mientras sectores industriales celebran la protección frente a la competencia extranjera, críticos señalan los riesgos de mayores precios y tensiones comerciales a nivel global.






