Una nueva escalada de violencia sacude a Medio Oriente tras los ataques lanzados por Irán contra Israel, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Bahréin, en una ofensiva que dejó víctimas fatales, heridos y daños en infraestructuras clave.

Desde la Guardia Revolucionaria iraní señalaron que los objetivos eran instalaciones energéticas, aunque varios de los impactos alcanzaron zonas residenciales. El conflicto se intensificó tras las advertencias del presidente estadounidense Donald Trump, quien había amenazado con una fuerte respuesta si no se liberaba el estratégico estrecho de Ormuz.

En Israel, uno de los ataques más graves se registró en la ciudad portuaria de Haifa, donde un misil impactó contra un edificio residencial. El hecho dejó al menos cuatro muertos y varios heridos, en medio de escenas de destrucción. Según las primeras pericias, la ojiva no llegó a detonar completamente, lo que evitó un daño aún mayor.

En Kuwait, el Ministerio de Salud informó que al menos seis personas resultaron heridas tras la caída de proyectiles y metralla en una zona residencial del norte del país. Además, un dron impactó contra el Complejo de Ministerios en la capital, causando daños materiales.

También se reportó un incendio en el complejo petrolero de Shuwaikh, alcanzado por drones durante la madrugada, lo que obligó a evacuar el área. Otros ataques tuvieron como blanco centrales eléctricas y plantas desalinizadoras, con importantes daños estructurales aunque sin víctimas.

Por su parte, en Emiratos Árabes Unidos, varias personas resultaron heridas luego de que restos de proyectiles interceptados por sistemas de defensa aérea cayeran en zonas urbanas. Uno de los incidentes ocurrió en instalaciones industriales en Abu Dabi, mientras que otro se registró en el puerto de Jor Fakan, afectando incluso a ciudadanos extranjeros.

En Bahréin, las autoridades informaron que un incendio en un depósito de la empresa Bapco Energies fue controlado por equipos de emergencia. El hecho también fue atribuido a los ataques iraníes.

La situación mantiene en alerta a la comunidad internacional ante el riesgo de una escalada mayor en la región, en un contexto ya marcado por tensiones geopolíticas y el impacto en los mercados energéticos.