Pese a la suba del 18% en el dólar oficial desde el fin del cepo, la inflación se desaceleró y marcó en junio su menor ritmo interanual desde 2018. Analistas explican por qué los precios no reaccionaron como antes.
Desde la salida del cepo cambiario, el tipo de cambio oficial acumuló un alza del 18%, pero esta vez el impacto sobre los precios fue sorprendentemente moderado. Según datos oficiales, la inflación de junio fue del 1,6%, apenas superior al 1,5% de mayo, y la inflación núcleo se ubicó en 1,7%, su nivel más bajo —excluyendo los meses de pandemia— desde enero de 2018.
El ministro de Economía, Luis Caputo, destacó que esta desaceleración rompe con la tendencia histórica de traslado inmediato del dólar a los precios (“pass through”), y consideró que “es el menor registro desde enero de 2018”.
Inflación bajo control, ¿hasta cuándo?
La variación interanual del IPC fue de 39,4%, completando 14 meses consecutivos de desaceleración y marcando el dato más bajo desde enero de 2021. Aun con una inflación minorista de 1,6% en junio, los analistas observan que el dólar mayorista trepó hasta los $1.300 en las últimas ruedas.
Pese al avance del dólar, las consultoras destacan que el traslado a precios fue acotado. Max Capital estimó que la divisa subió en promedio 2,9% en junio, y advirtió que en julio el tipo de cambio tuvo una aceleración del 5,2%, lo que podría empezar a reflejarse en precios en las próximas semanas.
¿Por qué no subieron tanto los precios?
Según un informe de Adcap Grupo Financiero, hay tres factores que explican la débil transmisión de la suba del dólar a los precios:
- Expectativas ancladas: El ajuste fiscal y el control del gasto ayudaron a contener expectativas inflacionarias.
- Desindexación de la economía: El Gobierno frenó aumentos automáticos y no convalidó subas reales en paritarias.
- Recesión económica: La baja demanda y el desempleo limitaron la capacidad de remarcar precios.
El efecto LEFI y la presión sobre el dólar
Uno de los factores que explican la presión sobre el dólar en julio fue la eliminación de las LEFI (Letras Fiscales de Liquidez), instrumentos clave que el Tesoro usaba para absorber pesos del mercado. Con su extinción, se liberaron cerca de $10 billones, lo que generó más liquidez y menor tasa de interés para plazos fijos.
El Gobierno reabsorbió parte de esa masa monetaria con la emisión de Lecap (Letras Capitalizables), y dejó que la tasa de política monetaria pasara a ser endógena, sin intervención del BCRA. Según Quantum Finanzas, un tercio de los pesos liberados fue a recomposición de encajes, otro se colocó en Lecap, y el resto presionó sobre el dólar.
¿Qué se espera hacia fin de año?
Aunque el agro siguió liquidando hasta el 22 de julio, los analistas prevén mayor presión cambiaria en el segundo semestre. Las elecciones legislativas, la menor oferta de divisas y la política monetaria expansiva podrían llevar al dólar a niveles cercanos al techo de la banda cambiaria, aunque sin salirse del esquema flotante.
Según Portfolio Personal Inversiones, los contratos de dólar futuro para diciembre se mantienen por debajo de los $1.500, dentro del rango previsto por el Banco Central. Sin embargo, advierten que el Gobierno aún tiene herramientas técnicas para influir sobre las expectativas.






