La Selección Argentina Sub-20 afrontará este miércoles un desafío crucial en el Mundial de Chile 2025: enfrentará a Nigeria por los octavos de final con el objetivo de volver a los cuartos de final de un torneo juvenil después de 14 años de ausencia. El equipo dirigido por Diego Placente llega con confianza tras una gran fase de grupos, pero sabe que el duelo ante los africanos representa un examen de máxima exigencia.
Con figuras como Alejo Sarco, Milton Delgado y Dylan Gorosito, el combinado nacional se ilusiona con avanzar en una competencia en la que fue protagonista histórico, pero de la que lleva más de una década sin figurar entre los ocho mejores. Argentina se clasificó a esta instancia tras vencer 3-1 a Cuba, golear 4-1 a Australia y cerrar la fase como líder del Grupo D al imponerse 1-0 frente a Italia.
Para Placente, el desafío va más allá de lo futbolístico. “Ante Nigeria no se pueden cometer errores”, advirtió el entrenador, consciente de que su equipo deberá mantener la intensidad y el orden táctico frente a un rival que combina potencia física y velocidad.
Una deuda que lleva más de una década
La última vez que la Selección Sub-20 alcanzó los cuartos de final de un Mundial fue en 2011, bajo la conducción de Walter Perazzo, en el torneo disputado en Colombia. En aquella edición, Argentina superó la fase de grupos con autoridad —triunfos ante México y Corea del Norte, y un empate ante Inglaterra— y eliminó a Egipto 2-1 en octavos con un doblete de Erik Lamela, antes de caer por penales ante Portugal en cuartos.
Desde entonces, la Albiceleste no logró romper la barrera de los octavos: en 2019 fue eliminada por Mali en los penales (5-4) y en 2023 cayó 2-0 frente a Nigeria, justamente el rival que volverá a tener enfrente este miércoles.
El desafío de volver a ser potencia
El duelo ante Nigeria tiene además un componente emocional: los africanos han sido verdugos en más de una ocasión, y la oportunidad de revancha se presenta como una motivación extra para un plantel que busca recuperar el prestigio de las históricas camadas campeonas mundiales juveniles.
Si logra avanzar, Argentina no solo cortará una racha negativa de 14 años, sino que volverá a instalarse entre las potencias del fútbol juvenil mundial, reafirmando su legado y la proyección de una generación que promete dar pelea.






