Tras el triunfo legislativo, Javier Milei comenzó a dar un giro político y discursivo: dejó parcialmente su tono libertario más extremo para encarar un camino reformista y dialoguista, alentado por Estados Unidos, el empresariado local y los mercados financieros. Sin embargo, su frágil situación parlamentaria y los primeros movimientos del nuevo gabinete despiertan dudas entre los gobernadores aliados y alertas por su imagen pública, que vuelve a caer en las encuestas.

El giro moderado de Milei

El Presidente decidió cambiar el tono de su Gobierno y, en los días posteriores a las elecciones, sorprendió con una serie de medidas y declaraciones más conciliadoras. Entre ellas, ordenó “remonetizar la economía”, instruyó al Banco Central a comprar reservas y rebautizó la “reforma laboral” como “modernización laboral consensuada”, alejándose de la idea de un ajuste drástico.

Además, dio señales institucionales inéditas: reivindicó el 30 de octubre de 1983 como Día del Retorno a la Democracia, recibió nuevamente a los gobernadores en la Casa Rosada con un tono “más humilde”, y aprobó un aumento del 30% en las prestaciones por discapacidad, una medida que había resistido hasta ahora.

Aun así, el reemplazo del jefe de Gabinete, Guillermo Francos, por figuras más cercanas a Karina Milei y Santiago Caputo, generó preocupación en los sectores más dialoguistas. “Francos era quizás la pieza más racional del sistema libertario”, opinan desde el entorno de Mauricio Macri, quien mantuvo una tensa reunión con Milei el último viernes en Olivos.

Gobernadores entre el apoyo y la desconfianza

Los mandatarios provinciales enfrentan un dilema: necesitan fondos y apoyo nacional, pero el Gobierno insiste en que Nación no debe financiar áreas de competencia provincial como salud, educación o seguridad.

La gente nos reclama a nosotros, pero el que desfinancia es Nación. Esto beneficia a Milei, que en 2027 nos pondrá candidatos en contra”, se quejó un gobernador durante el encuentro en Casa Rosada.

Aun así, la mayoría se mostró dispuesta a negociar las reformas y el Presupuesto 2026, a cambio de medidas concretas como:

  • Modificar el Impuesto a los Combustibles Líquidos.
  • Refinanciar las cajas previsionales provinciales.
  • Reactivar obras públicas paralizadas.
  • Otorgar incentivos a las economías regionales.

En provincias como Misiones, el reclamo se centra en designar autoridades en el Instituto Nacional de la Yerba Mate, acéfalo desde hace dos años, mientras que en el norte se insiste con actualizar los montos de coparticipación.

El peronismo, dividido y en crisis

Mientras Milei intenta construir puentes, el peronismo atraviesa una fuerte crisis interna tras la derrota. En el espacio se enfrentan dos lecturas: una que responsabiliza a Cristina Kirchner por su liderazgo cerrado y su estrategia centrada en el kirchnerismo puro, y otra que apunta a Axel Kicillof por el desdoblamiento electoral en la provincia de Buenos Aires.

“Cada vez que se pierde, la culpa es de otro: Scioli, Alberto, Kicillof”, analizan en el PJ. Desde el entorno bonaerense, en cambio, aseguran que Cristina “torpedeó” la campaña con listas ancladas en el pasado y decisiones que desalentaron al electorado moderado.

Encuestas en alerta

Una reciente medición de la consultora Tendencia Analítica, que anticipó el triunfo de La Libertad Avanza, muestra datos preocupantes para el Presidente:

  • 50% de imagen negativa contra 39,5% de positiva.
  • 45,8% de evaluación negativa de gestión.
  • 63% cree que el año próximo estará igual o peor.

Aun así, Milei mantendría una ventaja de cuatro puntos sobre Sergio Massa en un hipotético balotaje, lo que refleja que su apoyo se sostiene más como rechazo al peronismo que por respaldo a su gestión.

El desafío, ahora, será mantener ese equilibrio entre la moderación y la identidad libertaria. Si quiere avanzar con sus reformas, Milei deberá cuidar a sus aliados, fortalecer su gabinete y tender puentes reales con los gobernadores. Las encuestas y los equilibrios internos muestran que el margen de error se achica.