El Ejecutivo vuelve a quedar atrapado en su propia lógica de confrontación con la política tradicional. Mientras crece el malestar de los gobernadores y se instala una reforma educativa con alto voltaje ideológico, el oficialismo ensaya una peligrosa movida en el Congreso sin respaldo suficiente. En medio de ese escenario, la reforma laboral —clave para los mercados— sigue sin aparecer.
Aunque por momentos la gestión muestra señales de orden y plan, rápidamente reaparecen las contradicciones. La antipolítica que funciona como bandera se transforma, una vez más, en un obstáculo para gobernar. La tensión con las provincias escala y los reclamos se multiplican, no sólo por la falta de fondos, sino por la incertidumbre sobre el rumbo político.
Esta semana se produjeron encuentros entre gobernadores del Norte Grande y también en el Consejo Federal de Inversiones. El mensaje fue claro: hay provincias que no saben si podrán afrontar el pago del aguinaldo en diciembre, y esa preocupación empieza a trasladarse también a los municipios.
El gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, lo resumió con ironía: “Santilli pone mucha voluntad, pero el poncho no aparece todavía. Si seguimos así, las obras las van a inaugurar mis tataranietos”.
En Misiones, el conflicto gira alrededor del Instituto Nacional de la Yerba Mate. La decisión de Federico Sturzenegger de recortar aún más sus funciones cayó como una provocación directa a un sector productivo estratégico para la provincia. Para los misioneros, fortalecer ese organismo era una de las condiciones para acompañar las reformas del Gobierno.
La reforma educativa que encendió todas las alarmas
Cuando el clima parecía encaminarse hacia un acuerdo por el Presupuesto 2026 y una eventual reforma laboral e impositiva, desde el entorno de Javier Milei surgió un borrador de reforma educativa que generó alarma en distintos sectores políticos, sindicales y sociales.
El texto propone cambios de alto impacto:
- La familia pasa a ser el “agente primario de la educación”, desplazando al Estado de ese rol.
- Cada provincia diseñará su propio programa educativo, mientras Nación solo homologará.
- Se habilita la educación religiosa en escuelas públicas, fuera del horario de clase, debilitando el principio de laicidad.
- Se permiten modalidades como educación en el hogar y enseñanza híbrida en todos los niveles.
- Se abre la puerta al arancelamiento, con el argumento de un “financiamiento concurrente” entre el Estado, las familias y la sociedad civil.
- Se impulsa un sistema de vouchers para escuelas privadas, garantizando que el financiamiento por alumno no sea inferior al de las escuelas públicas.
Aunque sectores libertarios aclaran que se trata de uno de los tantos borradores en análisis, la filtración generó un fuerte rechazo, incluso dentro de aliados potenciales del gobierno, que consideran que se trata de una bomba política innecesaria en este momento.
El Congreso, el verdadero campo de batalla
Mientras tanto, en Diputados, La Libertad Avanza avanza con una ingeniería de poder cada vez más visible. Esta semana sumó a los denominados “radicales con peluca” —Mariano Campero, Luis Picat y José Federico Tournier— y alcanzó los 91 legisladores, acortando la distancia con el peronismo, que posee 98.
El objetivo es claro: convertirse en primera minoría para obtener más poder en las comisiones, los espacios donde se define qué proyecto avanza y cuál se bloquea. Controlar comisiones equivale a manejar los tiempos y condicionar el debate legislativo.
En el Senado, la situación también es observada con lupa. La Libertad Avanza cuenta con 20 bancas, frente a las 26 del peronismo, aunque hay bloques intermedios que no responden de manera directa al kirchnerismo duro. Gobernadores de provincias como Catamarca, Tucumán o Santiago del Estero juegan a dos puntas, negociando con la Rosada pero sin romper del todo con su estructura política.
El problema es que no todos los legisladores responden sin fisuras a sus gobernadores. Ya le ocurrió al oficialismo en la fallida primera versión de la Ley Bases. Creer que un acuerdo con los mandatarios garantiza votos automáticos puede volver a ser un error de cálculo.
Una oposición fragmentada y sin conducción clara
En paralelo, el peronismo atraviesa su momento más débil. Cristina Kirchner ya no ordena fuera del núcleo duro de La Cámpora. Gobernadores, intendentes y sindicalistas actúan por conveniencia propia, aunque en público mantengan un discurso de unidad.
El relato kirchnerista se limita a la denuncia de una supuesta persecución judicial y a la nostalgia de un pasado idealizado, sin explicar por qué perdieron elecciones clave ni cómo varios de sus ex dirigentes, como Daniel Scioli, hoy integran un gobierno libertario.
En la Casa Rosada evalúan reflotar el “Consejo de Mayo”, un órgano consultivo pensado para evitar el Congreso y buscar consensos directos con sectores seleccionados. Sin embargo, ese camino podría profundizar la tensión en lugar de resolverla.
El Gobierno asegura que vino a cambiar todo. Pero cada vez que intenta esquivar la política, choca de frente con ella. Y esa repetición, lejos de ser una estrategia novedosa, empieza a parecer una rutina peligrosa.






