La producción industrial volvió a retroceder en junio y las pymes industriales alertan que el deterioro del sector es cada vez más evidente. A la caída de la demanda y la apertura de importaciones se suman la suba de costos, la falta de financiamiento y la volatilidad de las tasas, que dificultan la recuperación y amenazan con una recesión prolongada.

Según el Índice de Producción Industrial (IPI) de FIEL, la actividad industrial cayó 1,2% en junio respecto de mayo en la medición desestacionalizada, y acumuló una baja del 0,8% frente al primer trimestre del año. A pesar de algunos repuntes puntuales en sectores como maquinaria o vehículos, la mayoría del entramado productivo sigue en retroceso, especialmente en ramas intensivas en empleo como confecciones, metalurgia y fundición.

Para el Observatorio IPA (Industriales Pymes Argentinos), la situación es más grave de lo que muestran los indicadores: “La economía real, que es la que vivimos a diario los industriales, está sufriendo una crisis más profunda de la imaginada. Recién en unos meses se reflejará en las estadísticas y, llegado ese momento, para muchas fábricas será tarde”, advirtió Daniel Rosato, titular de IPA.

Desde el sector alertan que más del 70% de los empresarios no espera mejoras en el corto plazo. “No hay impulso interno ni una estrategia clara de reindustrialización”, señala el último informe del IPA. Incluso FIEL reconoció que la sostenibilidad de la recuperación “muestra un deterioro” y que en muchos rubros ya se agotó el efecto rebote.

La apertura de importaciones también es un factor clave. Leo Bilanski, presidente de la Asociación de Empresarios Nacionales (ENAC), señaló que desde comienzos de año se intensificaron los viajes empresariales a China para importar bienes terminados, lo que está desplazando producción nacional. “El sector debería tener otra caída en el próximo trimestre y así hasta fin de año”, afirmó.

El impacto ya se nota en el empleo. El último relevamiento de ENAC indica que el 19% de las pymes despidió personal en el segundo trimestre, y solo el 14,9% incorporó trabajadores. Además, 8 de cada 10 empresarios no piensa contratar en lo que queda del año.

Otro de los problemas centrales es la suba desproporcionada de los costos: ENAC estima que crecieron 18,9% en el segundo trimestre, muy por encima de la inflación oficial (5,49%). “No se puede trasladar a precios porque el consumidor no lo valida. Entonces te comés la rentabilidad para sobrevivir”, explicó Bilanski.

A esto se suma la falta de financiamiento accesible. José Luis Ammaturo, secretario general de CAMIMA, destacó que, si bien el Gobierno logró estabilizar algunas variables macro, “en otros países las pymes tienen líneas de crédito razonables y acá no existen”. La reciente suba de tasas complica aún más el panorama. “Para invertir y aumentar productividad hace falta crédito, y hoy es carísimo”, subrayó.

Bilanski fue aún más contundente: “Los bancos no le prestan a las pymes. Colocan la plata en instrumentos del Estado. Es más seguro que prestarle a una empresa en recesión”. La falta de acceso al crédito ahoga a los pequeños productores y limita su capacidad para sostener el empleo o financiar capital de trabajo.

En este escenario, la industria argentina enfrenta un segundo semestre lleno de obstáculos. Con caída en la actividad, pérdida de rentabilidad, falta de crédito y apertura de importaciones, el temor de las pymes es claro: que lo peor todavía no haya pasado.